Las predicciones del Mothman y los misteriosos visitantes.

       John Keel llevó a cabo esta investigación, que duró más de un año y medio, junto con Mary Hyre (periodista local de Point Pleasant). Ambos vivieron en primera persona todos aquellos misteriosos y enigmáticos acontecimientos que se desarrollaron en Point Pleasant desde el 15 de noviembre de 1966 al 15 de diciembre de 1967.

       John Alva Keel nació el 25 de marzo de 1930 en Hornell (Nueva York). Keel fue un periodista que trabajó como freelance para distintos medios de comunicación. También prestó sus servicios como corresponsal y vivió en varios países como París, Berlín, Roma, España y Egipto. En 1973 publicó Las profecías del Mothman. En este libro habla sobre su experiencia entre los años 1966 y 1967 en la localidad de Point Pleasant (Virginia Occidental) en relación con el Mothman, conocido también como El hombre polilla. Keel falleció el 3 de julio de 2009 en Nueva York. Actualmente es considerado uno de los mayores referentes en la ufología y pensamiento forteano.

       Este fue el primer avistamiento documentado del Mothman en Point Pleasant. Hablamos de un pueblo de unos seis mil habitantes en el año 1966. Dos parejas circulaban por la zona TNT:

       En la Segunda Guerra Mundial se fabricaron muchos explosivos de alta potencia en Point Pleasant. Al terminar la guerra, los explosivos fueron trasladados y los edificios desmantelados. Los restos que quedaron de las antiguas fábricas es el territorio que se llamó zona TNT.

       El 15 de noviembre de 1966, a las 22:30 horas, dos parejas vecinas de Point Pleasant circulaban con su vehículo Chevy del año 1957 de Scarberry. Al llegar a la central eléctrica, por la zona TNT, observaron dos círculos rojos de unos cinco centímetros de diámetro que estaban separados por otros quince entre sí y que resplandecían en la oscuridad. Las luces del coche iluminaron aquellos círculos y pudieron ver estupefactos un enorme animal. Tenía forma humanoide. Medía más de dos metros y tenía unas alas plegadas a su espalda. Era de color pardo y caminaba como un humano. Ante el miedo, el conductor pisó el acelerador y desvió el vehículo por la Ruta 62. Tras unos minutos en marcha, volvieron a verlo sobre una colina y, en esta ocasión, extendió sus alas y salió volando. Los jóvenes afirmaron que pusieron el coche a 150 kilómetros por hora y la criatura no se separaba de ellos. Chillaba como un gran ratón. Les dejó de perseguir cuando entraron en la ciudad. Una vez allí, se personaron en la comisaría del condado de Mason y en la oficina del sheriff relataron al alguacil Millard Halstead lo sucedido.

       Halstead le explicó a Keel que a los chicos los conocía de toda la vida, nunca habían sido problemáticos y se tomó su historia muy seriamente. El sheriff, a la mañana siguiente, convocó una rueda de prensa y algunos periodistas pudieron entrevistar a los jóvenes testigos y entonces nació su nombre: Mothman.

Ilustración por José María García Más

       Otro caso muy interesante de avistamiento fue el de Newell Partridge. Este es su testimonio:

       Newell estaba en su casa viendo la televisión. Sobre las 22:30 horas la pantalla empezó a emitir interferencias. En ese instante, su perro, un Pastor alemán, empezó a gemir fuera de la casa. Newell decidió ir a ver a su mascota (al porche de su casa) y observó cómo su perro salió corriendo dirigiéndose al granero. Cuando enfocó con su linterna al interior del almacén, pudo ver dos círculos rojos que parecían dos ojos. Aquellos ojos eran muy grandes, pues la distancia desde donde se encontraba Newell y aquella criatura era parecida a la de un campo de fútbol americano.

       A Newell, durante unos segundos, le paralizó el miedo. A continuación, regresó a su casa lo más rápido que pudo. Al llegar a su habitación, la cerró y permaneció en su cama toda la noche junto con una pistola.

       Al amanecer fue a buscar a su perro y siguió sus huellas hasta el interior del granero. Lo curioso fue que las pisadas del Pastor alemán eran muy nítidas y podían visualizarse fácilmente. Sin embargo, las huellas llegaban, solamente, hasta la mitad del almacén. Formaban un círculo, como si hubiese querido morderse su propia cola y sin ninguna otra dirección. Aquel perro nunca apareció.

       A partir de ahí muchas personas de la zona decían haber visto al Mothman. De hecho, vecinos de los condados de Manson, Lincoln, Logan, Kanawha y Nicholas dieron parte a las autoridades.

       El 27 de noviembre de 1966, Connie Carpenter de diecinueve años, sobrina de Mary Hyre, circulaba con su vehículo por los campos de golf del Mason Country Golf Course, en las afueras de New Haven (Virginia Occidental). Divisó una figura con aspecto humanoide, de más de dos metros de altura, con unos grandes y redondos ojos de color rojo brillante. Segundos más tarde, pudo observar cómo dos alas se desplegaban desde su espalda con una extensión de unos tres metros. La figura de color grisácea comenzó a volar sin hacer ruido ni mover sus enormes alas. De repente, se abalanzó sobre el vehículo y Conni ante un ataque de pánico aceleró dejando atrás a este ser.

       Más de cien personas avistaron a la criatura ese invierno.

Estatua del Mothman esculpida por Bob Roach. Point Pleasant (Virginia Occidental)

       Muchos de los testigos que visualizaron al Mothman coincidían en las siguientes características físicas: pelo gris y más grande que una persona. La envergadura de sus alas era de más de tres metros. Levantaba el vuelo verticalmente, como un helicóptero y no batía sus alas para elevarse del suelo. Nadie pudo definir nunca su rostro, pues se comentaba que sus ojos rojos eran hipnóticos y no podían mirar sus rasgos faciales. Este ser debía pesar más de cien kilos y, hablando en términos aeronáuticos, era imposible que volara con tan poca envergadura de alas y, aún menos, sin tomar impulso en una carrera.

       Las apariciones del Mothman, también conocido como El hombre polilla, han sido asociadas con futuras catástrofes.

       El hombre polilla ha estado dejándose ver desde la década de los sesenta. En el año 2001, hubo gente que afirmó verlo en Nueva York días antes del ataque terrorista a las Torres Gemelas del 11 de septiembre.

       Se dice que hubo avistamientos del Mothman pocos días antes de las tragedias de Chernóbil (1986) o Fukushima (2011). De hecho los extraños eventos que se desarrollaron de noviembre de 1966 a diciembre de 1967 fueron la advertencia del derrumbe del puente Silver Bridge que cruzaba el río Ohio.

       En 2002 la película Las profecías del Mothman saltó a la gran pantalla por el director Mark Pellington con guión de Richard Hatem y protagonizada por Richard Gere.

       Uno de los fenómenos más insólitos que se dieron durante la investigación de Keel y Hyre, en Point Plesant, fue el de unas extrañas llamadas de unas supuestas entidades desconocidas. Estas voces predecían futuros sucesos, reproducían las voces de otras personas y se hacían pasar por ellas al interactuar con vecinos, amigos y conocidos. Estos fueron algunos casos que registró Keel:

       Al norte de Gallipolis (Ohio), a seis kilómetros de Point Plesant, Keel detuvo su vehículo delante de una granja (él le llamaba sistema aleatorio). Este procedimiento consistía en entrevistarse con los vecinos donde se había producido un acontecimiento paranormal (en este caso, un fenómeno OVNI). Lo curioso de este sistema es que, Keel, elegía al ciudadano al azar.

       Cuando Keel llamó a la puerta de la casa que estaba en esta granja, de repente, salió un hombre con una escopeta y le dijo textualmente en tono amenazante «Sé quién es. No queremos tener nada que ver con usted. Váyase de aquí». Keel al ver la actitud agresiva de aquel vecino, no dudó en marcharse.

       Cuando Mary Hyre se enteró de lo sucedido, al día siguiente, se desplazó junto con Keel a visitar nuevamente al propietario de aquella granja. Cuando hablaron con él, ambos investigadores quedaron estupefactos ante su versión de los hechos. Este manifestó que diez minutos antes de que Keel llamara a su puerta, su vecino (el propietario de la finca de al lado) le llamó por teléfono para informarle de que tuviera mucho cuidado con un loco peligroso fugado que estaba por la zona. Tras empuñar su escopeta y echar a Keel de sus tierras, le devolvió la llamada a su vecino. Contestó su mujer, manifestando que su marido estaba todo el día labrando fuera de casa. Cuando consiguió ponerse en contacto con él, le dijo que a lo largo de ese día no lo había llamado por teléfono y que tal conversación nunca había existido.

       Keel no pudo evitar cuestionarse: ¿quien llamó por teléfono a este hombre? ¿y cómo sabía que él iba a visitarlo si lo decidió unos segundos antes de detener su vehículo en aquella propiedad?

       Keel nos cuenta otros sucesos:

      Sobre la 01:00 horas de la madrugada del viernes 14 de julio de 1967, recibió una llamada de Gray Barker, un conocido suyo. La voz era exactamente la de Barker, pero se dirigía a él como «señor Keel» como si fuese un forastero. Le decía que debería investigar un caso que había salido en la prensa. Así que Keel decidió preguntar si su mujer había estado haciendo llamadas a conocidos suyos y Barker respondió «No, la señora Barker no ha estado llamando a nadie». Keel sabía que Barker no estaba casado. La conversación duró diez minutos. Al día siguiente telefoneó a Gray Barker y este le verificó que no había hecho tal llamada.

       Días más tarde Keel llamó por teléfono a Mary Hyre. Lo primero que le dijo Mary es que se alegraba de que se hubiera recuperado. Keel le comentó que no había estado enfermo. Entonces Mary le informó de que la llamó la otra noche. Que le dio la sensación de que no se encontraba muy bien. Que estuvieron hablando sobre el mensaje que le envió (la posibilidad de que explotara una fábrica cerca del río Ohio). Keel se quedó petrificado, no había telefoneado a Mary y tampoco había tratado ese tema con nadie.

Ilustración por José María García Más

       En otra ocasión, Jaye P. Paro llamó por teléfono a Keel y le hizo saber que había decidido no subir al monte Misery, sola por la noche, para encontrarse con él. Keel no sabía qué decir, no tenía ni idea de lo que le estaba diciendo Jaye. No había telefoneado a aquella joven y menos aún para exigirle tal menester. La chica insistió en que Keel y ella, hacía pocos días, habían entablado una conversación vía telefónica y que el investigador le había pedido reunirse en aquel monte.

       Otro suceso relacionado con estas extrañas llamadas telefónicas se dio el 26 de marzo de 1968. Keel encontró un mensaje en su contestador de George Clark, un investigador del fenómeno OVNI de Nueva Jersey. Keel le devolvió la llamada días más tarde disculpándose por la tardanza. Clark respondió, exponiéndole, que hablaron por teléfono el 27 de marzo sobre las 22:00 horas. Clark siempre estuvo convencido que la voz era de Keel, incluso utilizaba sus expresiones y muletillas. John Keel nunca realizó esa llamada.

       Unas actividades bastantes misteriosas que se dieron entre los años 1966 y 1967 en Point Pleasant fueron las intervenciones de los llamados hombres de negro.

       Mary Hyre, una semana después del desastre del puente de Silver Brigde, recibió en sus oficinas a tres hombres trajeados de negro. Estos señores preguntaron por el paradero de Keel y por la actividad OVNI en la zona. Uno de ellos se identificó como Jack Brown. El 23 de diciembre de 1967 estos hombres desaparecieron de Point Pleasant y nunca más se les volvió a ver.

       El apodo «Hombres de negro» fue introducido en el folclore OVNI en 1953 por el investigador Albert K. Bender. Se dieron varios encuentros con estos extraños individuos en la localidad de Point Pleasant, coincidiendo con los avistamientos del Mothman. Las características de los hombres de negro eran las siguientes:

  • Algunas de sus conductas estaban fuera de lugar. A veces parecían más autómatas que seres vivos.

  • Siempre vestían elegantes y con ropas impolutas. Aunque pasadas de moda por décadas.

  • Solían dar a entender que pertenecen al gobierno.

  • Rara vez eran mujeres.

  • Ante testigos de OVNIS (Objetos Voladores No Identificados) deseaban que supiésemos que conocían detalles que aún no se habían hecho públicos.

  • Amedrentaban a los testigos para que no dijeran nada.

  • Daban nombres no rastreables o que pertenecían a otras personas. Las matrículas de sus vehículos no estaban registradas.

  • Se decía que cuando sucedían hechos que los hombres de negro investigaban, solían salir en la prensa como parafernalias absurdas, de modo que si el testigo hablaba quedaba en ridículo. El fenómeno se mostraba a la vez que se ocultaba.

Ilustración por José María García Más

       Hay que señalar que la zona de Virginia Occidental, siempre había sido una zona de gran actividad del fenómeno OVNI. Incluso los antiguos nativos americanos debían saber que había algo extraño en aquella tierra, pues hasta el día de hoy no sabemos por qué evitaron esos territorios. Los estudios de los antropólogos sobre la distribución de las tribus precolombinas nos muestran que los shawnee y los cheroquis se establecieron en el sur y suroeste. Los monacan ocuparon el este. Los erie y los conestoga también se expandieron por el continente, incluso los indios aprovecharon los desiertos del lejano Oeste, sin embargo la zona de Virginia Occidental no fue reclamada y estaba deshabitada.

       La arqueología moderna ha dado a conocer muchos túmulos indios a lo largo del continente americano, no obstante es desconcertante la ausencia de restos indios en Virginia Occidental. Esta zona posee una tierra fértil, grandes bosques y abundante caza ¿Por qué los nativos americanos la evitaron? ¿Qué sabían ellos que no sabemos nosotros?

       John Keel mantenía relación con una serie de personas al que él llamaba contactados. Se trataba de hombres y mujeres que aseguraban haber tenido contacto con tripulantes de platillos volantes. Keel nos relata su experiencia con alguno de ellos mientras investigaba los insólitos sucesos de Point Pleasant.

       A las 19:00 horas del 2 de noviembre de 1966, Woodrow Derenberger, de cincuenta años, marido y padre de familia, se dirigía a su casa, en su camioneta, por Parkersburg por la Interestatal 77 (carretera del estado en el noreste de Virginia Occidental). Era una noche lluviosa y, de pronto, una especie de artefacto similar a una estufa antigua de queroseno brillando por dos extremos, adelantó a su vehículo y se cruzó en mitad de la vía obligando a Derenberger a detenerse. Una puerta del artefacto se deslizó y salió un hombre vestido con un abrigo negro, de pelo oscuro peinado hacia atrás, de piel morena y con una inmensa sonrisa. La figura se acercó al vehículo y Derenberger bajó la ventanilla. Nunca hablaron, según Derenberger la conversación fue mental. Le dijo que su nombre era Cold y que dormía, respiraba y sangraba de la misma forma que él. También le hizo saber que procedía del planeta Lanulos, en la galaxia de Ganímedes: un mundo muy parecido a la Tierra donde vivían de ciento veinticinco a ciento setenta y cinco años. Que en su planeta no había guerra, pobreza, hambre o miseria.

       Derenberger afirmó que días después de su encuentro con Cold, este se había personado en su casa. Que le hizo entrega de una medicina para un problema estomacal que llevaba arrastrando hacía algún tiempo. Que tras ingerirlo se recuperó al instante. Después de este último encuentro con Cold, le comunicó su nombre de pila: Indrid. Se llamaba Indrid Cold.

       Keel también comenta que otro de sus contactados tenía una conexión con un tal Apol. En una ocasión, mientras hablaba por teléfono con él, Apol tomó el control de la persona contactada y tuvo la oportunidad de hablar con Apol. Esta fue parte de la conversación:

¿Dónde nació mi abuelo paterno? —preguntó Keel.

En Cameron Mills, Nueva York, por supuesto —respondió Apol con una respuesta instantánea.

¿Dónde había perdido mi reloj? —volvió a interrogar Keel.

Mira en la caja de zapatos en la esquina derecha de la parte alta del armario del dormitorio —contestó nuevamente la entidad con la misma rapidez que antes.

       Pues para la sorpresa de Keel, su reloj estaba ahí.

       Varios contactados también informaron a Keel sobre predicciones de algunos temas: cómo el dólar se devaluaría (dos años después sucedió). Que la China comunista entraría en Naciones Unidas (cosa que también ocurrió, pero que en 1967 parecía poco probable). Que él se mudaría en breve a un apartamento al norte de la sede de la ONU (un año después se fui a vivir a un apartamento en el Upper Side de Manhattan), también acertaron.

      El 20 de julio de 1967, el Vaticano hizo saber a la opinión pública que el papa Pablo VI se trasladaría a Turquía. Muchos contactados llamaron a Keel para informarle de que asesinarían al Papa el 26 de julio con un cuchillo, pero que antes sucedería un terrible terremoto. El 22 de julio, un tremendo movimiento sísmico tuvo lugar en Adapazari y más de mil personas perdieron la vida. Al papa Pablo VI no lo asesinaron el 26 de julio en Turquía. Sin embargo, tres años más tarde, el 27 de noviembre de 1970 en Manilla (Filipinas), un individuo ataviado con las ropas de sacerdote, salió de entre la multitud e intentó matar al papa con un kris (una especie de daga asimétrica). El muy bien instruido servicio de seguridad del Pontífice pudo repeler el ataque a tiempo. El detenido se llamaba Benjamín Mendoza, un pintor boliviano que, presuntamente, practicaba brujería.

       Otra premonición de sus contactados fue cuando lo avisaron de que se avecinaba un gran desastre en el río Ohio y que moriría mucha gente. Quisieron que entendiera que estallaría una de las fábricas a las orillas del río.

       El 3 de noviembre de 1967, Keel, le escribió a Mary Hire. La hizo conocedora de que tenía razones para sospechar que una desgracia iba a ocurrir en Point Pleasant. Que era muy posible que el desastre se originara en una planta industrial de la ribera.

       La señora Hyre puso al día a Keel sobre algo que le sobrecogió enormemente. Se trataba de una terrible pesadilla que tuvo el día de antes de recibir su mensaje. Le dijo que vio muchas personas ahogándose en el río con paquetes de regalos flotando en los alrededores.

       El 15 de diciembre a las 17:45 horas, mientras Keel veía por televisión la ceremonia en la que el presidente de los Estados Unidos de América pronunciaba el discurso de costumbre en la Casa Blanca, la emisión se interrumpió. La televisión pública ofreció un boletín especial: un puente repleto de coches, en un atasco, acababa de desplomarse en el río Ohio. Minutos más tarde, Keel averiguó que se trataba del puente Silver Bridge en Point Pleasant.

       El puente Silver Bridge se construyó en el año 1928. Este puente era la conexión entre Virginia Occidental y Ohio. Vecinos de ambos lados del río lo cruzaban a diario. El siguiente puente estaba a casi ochenta kilómetros río arriba. Aquel día, en la parte de Ohio, el semáforo del pueblo de Kanauga, cerca del puente, se estropeó y se quedó en verde permanentemente. Lo que produjo un inmenso atasco en el viaducto. La estructura, de doscientos metros, se vino abajo empezando desde el lado de Ohio y como si fuese las piezas de un dominó hasta Virginia Occidental. Se podía observar la aterradora escena: mucha gente en el agua helada, pidiendo ayuda a puro pulmón, rodeada de escombros y paquetes de Navidad envueltos en colores. Cincuenta vehículos se hundieron en las heladas aguas del río Ohio. Operarios, policías, bomberos y demás servicios públicos trabajaban sin descanso en la orilla del rió mientras los submarinistas buceaban en las negras aguas buscando cuerpos sin vida de sus vecinos. La pesadilla de Mary Gyre se hizo realidad.

       El libro de Keel, Las profecías del Mothman, es una obra que intenta explicar que, quizás, no se nos permita saber las respuestas a todo. Tal vez, debemos aprender a vivir sin saber las respuestas. Cualquier obsesión en obtener un por qué a estas cuestiones, puede llegar a ser nocivo o autodestructivo.

    John Keel siempre estuvo convencido de que los artefactos y construcciones antiguas, por todo el planeta, pertenecen a una única cultura global. También los contactados manifiestan que los tripulantes de los platillos volantes se asignan misterios históricos como la construcción de las pirámides o el hundimiento de la Atlántida. Keel, tras su experiencia en Point Plesant, llegó a la siguiente conclusión: «estos objetos y seres son algo que forma parte de la naturaleza intrínseca de nuestro mundo». Suponemos que quiere decir que es algo que nos acompaña desde los inicios de nuestra civilización. Que estos fenómenos no son algo externo a nosotros, sino que pertenecen a la naturaleza del planeta.

       Keel no pudo evitar plantearse una pregunta que le acompañó hasta el día de su muerte: Si existe una mente universal, ¿debe estar necesariamente cuerda?

Jesús María Sánchez González.

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